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El jueves 12 de mayo tuve la oportunidad de hacer una pequeña parada en mis cursos y mis sesiones de coaching y pude disfrutar, como oyente de la ponencia que impartió Juan Carlos Cubeiro en Zaragoza Activa con un título muy sugerente, “Coaching de liderazgo, ¿por qué es más importante y escaso que nunca?” y que me ha inspirado para escribir este post: “El talento, ¿nace, crece o se transforma?”.

 

Es un placer escuchar a Juan Carlos, porque siempre te aporta alguna novedad bibliográfica, o te cuenta los últimos avances que se han producido en la materia o te ilustra con algunas de las innumerables anécdotas que le ocurren en su ajetreada agenda. Es uno de los grandes y lo demuestra día a día.

 

Y la verdad es que las tres últimas veces que le he escuchado hay un tema que ha sido recurrente en sus presentaciones: el «talentismo». Y hoy me he decidido, no a contar lo que él tuvo a bien compartir en esta charla, porque recomiendo que vayáis a verle si tenéis la oportunidad, sino a contar mis impresiones este concepto.

 

Siempre se ha dicho que alguien tiene talento o que es “talentoso” cuando demuestra tener inteligencia o cuando posee unas determinadas aptitudes que le hacen destacar y sobresalir en algún aspecto.

 

Según la Wikipedia, talento es “la aptitud o potencial para desarrollar una habilidad”.

 

Así que surgen varias preguntas: ¿se nace con talento o se puede desarrollar? ¿El talento se fabrica? Cuando decimos que tener talento es tener inteligencia, ¿a qué tipo de inteligencia nos estamos refiriendo? ¿Todos tenemos talento?

 

Siempre que surge el tema del talento viene a mi mente la figura de Deepak Chopra y su ley del Dharma, según la cual todos nacemos con un propósito que cumplir en la vida y con unos talentos singulares que si los desarrollamos nos harán destacar por encima del resto de la humanidad.

 

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Voy a contar una experiencia personal que me ocurrió hace más o menos un año. Un domingo por la tarde probé por primera vez a jugar al golf en un campo ubicado en San Amaro, un concello de la provincia de Ourense. O quizás sea más correcto decir que me estrené intentando golpear a la bola desde el punto de salida.

 

Ese día entendí lo complicado que puede resultar realizar un buen swing y que la bola avance metros y que vaya justo a donde pretendías. Pero todo empezó a mejorar cuando un hombre de unos 65 ó 70 años y que era de ese concello se acercó, me dio unas directrices, y lanzó tres o cuatro bolas, y pude detectar el talento que había en ese hombre.

 

Y mientras observaba cómo ejecutaba su swing y me contaba el hándicap que tenía (que era muy bueno) me pregunté qué es lo que hubiera ocurrido si ese mismo campo de golf nunca se hubiera hecho en ese lugar. ¿Ese hombre habría podido detectar su talento para jugar al golf? Y si el campo se hubiera construido 40 años antes. ¿Quizás ese hombre hubiera sido un Severiano Ballesteros y hubiera ganado al Masters de Augusta?

 

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Desde que leí Las 7 leyes espirituales de Deepak Chopra, soy de los que creen que todos nacemos con algo “de serie” y que cuando lo descubrimos, es cuando sale a relucir ese talento que todos podemos llegar a desarrollar. ¿Todos? Sí, sí y un millón de veces sí. Todos tenemos talento.

 

Ahora bien, como diría Cubeiro, ¿talento para qué?

 

Ser talentoso en algo no garantiza que vayas a tener talento en todas las facetas de tu vida. Y que tengas talento en algo, no quiere decir que no lo puedas tener en algún aspecto más.

 

¿Entonces se nace con talento? ¿Se hace el talento? Dos verbos para mí son claves en el desarrollo de personas talentosas: descubrir y entrenar. Es obvio que determinadas circunstancias externas favorecen el que sea más fácil que surja o no el talento. Si uno observa el número de campos de fútbol que hay en este país frente al número de pistas de karting que hay, es bastante lógico inferir que es mucho más fácil ser un futbolista talentoso que un piloto de fórmula 1 que destaque.

 

¿Y de qué vale descubrir el talento si no lo desarrollamos, si no lo entrenamos? Si uno ve esos campeonatos de fútbol de niños que representan a los grandes clubes europeos, ¿cuántos de esos niños llegan a ser estrellas del fútbol? ¿Cuántos niños con unas condiciones increíbles no llegan a ser jugadores de referencia cuando se hacen mayores, simplemente porque no valoran la capacidad del trabajo?

 

El talento se debe practicar, desarrollar, pulir, potenciar.

 

Cada persona necesita entrenamiento, generar buenos hábitos, fortalecer tus capacidades y habilidades. El talento necesita de horas de ensayo, de repetir cada ejercicio las veces que haga falta. El «talentismo» requiere de disciplina y trabajo, porque si no, uno corre el riesgo de no expresar sus habilidades o, al menos de no expresarlo en su máxima expresión

 

Lo cual me lleva a otra pregunta: ¿hay fábricas de talento? Ponga usted un joven pianista en manos de un maestro con poca capacidad para desarrollar artistas talentosos y ponga usted a ese mismo joven en manos de un maestro, de un coach con habilidad para potenciar los talentos y las virtudes de ese conato de artista. ¿Cuánto talento se queda desperdiciado por el camino debido a que la persona no tuvo la suerte de contar con un coach, con un entrenador que desplegara todo el potencial oculto y latente de esa persona?

 

Vayamos a por otra pregunta más: ¿el talento “se pega”? Es decir, ¿estar al lado de alguien talentoso nos ayuda a desplegar el nuestro propio? Sin ningún género de duda, igual que los vicios son fáciles de asimilar y copiar, también los buenos hábitos se pueden desarrollar cuando tienes la fortuna de toparte en tu vida con alguien en quien fijarte y al que tomar como modelo de buenas prácticas. Porque no solo desarrollamos nuestras aptitudes, nuestras habilidades y nuestras capacidades haciendo nosotros (aunque siempre es mejor), sino también observando lo que hacen los mejores.

 

Entonces, ¿el talento se puede transformar? Pues yo también creo en esta idea, ya que hay infinidad de casos en los que personas que han demostrado su “talentismo” (hermosa palabra Cubeiro) en algunas disciplinas se reinventan y después de práctica y de ensayos, resulta que son también geniales en esas nuevas facetas. Actores fantásticos para la comedia que trabajan nuevos registros para el drama, jóvenes deportistas que destacan en un determinado deporte y por el camino del aprendizaje descubren otro para el que son mejores, personas que son muy buenas en sus trabajos y descubren su talento para emprender.

 

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Así que, tras esta somera exposición, me gustaría terminar con un decálogo de reflexiones:

 

Reflexión 1: Todos tenemos talento para alguna actividad o disciplina.

 

Reflexión 2: Si tú consideras que no tienes talento para algo, sigue buscando porque simplemente es que aún no lo has encontrado.

 

Reflexión 3: El ser talentoso, no necesariamente se hereda.

 

Reflexión 4: Que el talento de tus progenitores no condicione el tuyo propio.

 

Reflexión 5: El talento va asociado, necesariamente, a entrenamiento.

 

Reflexión 6: Ninguna persona es talentosa “per se” ni tiene talento para todos los aspectos o campos de la vida.

 

Reflexión 7: Que tengas «talentismo» para algo en particular, no quiere decir que no lo poseas para otros sectores de la vida.

 

Reflexión 8: Si encuentras tu talento, compártelo con los demás, porque eso te hará aún más “grande”.

 

Reflexión 9: Ser inteligente, por sí mismo, no supone ser talentoso.

 

Reflexión 10: ¿Aún crees que no tienes ningún talento?

 

 

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