Las empresas las forman personas. Quizás se nos olvida en algunos momentos, pero las empresas las conforman las personas que integran esa organización.

 

 

Se habla mucho de los valores de las empresas y que esos valores son los que diferencian a una empresa de su competencia. Pero se nos olvida que como las empresas las forman personas, son éstas las que con su labor diaria, con su manera de tratar a compañeros, proveedores y clientes hacen que se perciban o no esos valores.

¿De qué le vale a una empresa reflejar en su página web que su valor diferencial es la empatía si luego sus empleados son incapaces de ponerse en la piel de sus clientes, proveedores y compañeros? ¿De qué le vale a una empresa reflejar como valor clave en su desarrollo el trabajar en equipo si luego sus empleados «van a su bola»?

 

 

Se nos olvida que las empresas las forman personas y que los valores de una empresa son los que viven y reflejan sus trabajadores.

 

¿Y qué podemos decir de las emociones? Hoy en día solo se habla de lo importante que son las emociones, de cómo nuestros clientes quieren vivir experiencias emocionales intensas y diferentes, pero quizás sería bueno recordar que las empresas las forman personas y que las organizaciones reflejarán las emociones que vivan y hagan vivir sus trabajadores.

¿Recuerdas la última vez que entraste a una empresa de ésas que tienen oficinas con el modelo «open space» y en el que se podía percibir cierto «miedo» a levantar la cabeza de su ordenador? ¿Aún sigues teniendo grabado en tu mente ese día que entraste a un comercio y los empleados transmitían cierto nivel de tristeza? ¿Y no te has preguntando nunca por qué te encanta entrar a comprar el pan a esa tienda en la que siempre te sonríen y te regalan alegría?

Las empresas las forman personas, por eso si la empresa refleja tristeza, es porque ésa es la emoción predominante en la mayoría de sus trabajadores. Y si la empresa es la clara muestra de la alegría, se debe solo y exclusivamente a que sus empleados viven de manera feliz su jornada y regalan sonrisas, y como regalan sonrisas, reciben sonrisas (de clientes, proveedores y compañeros) y así el ciclo se repite.

 

 

Y ocurre también que en muchas empresas creen que venden mucho porque tienen el producto o servicio estrella, ése que todos los clientes ansían adquirir y disfrutar. Y tal es así, que en esas organizaciones, todos los esfuerzos los hacen por mejorar ese producto o servicio para tener ventaja competitiva con sus competidores más directos. E, incluso, hay ocasiones en las que cuando ya aparentemente no hay nada más que mejorar en cuanto a las características, se busca la manera de reducir costes para rebajar el precio de venta de ese producto o servicio estrella.

Y todo esto está muy bien y es muy inteligente, pero como las empresas las forman personas, ¿no sería inteligente el desarrollar el talento del equipo humano que compone la empresa para tener ahí la gran ventaja competitiva que me diferencie de mis competidores?

 

Se les olvida a las empresas que hoy en día, en este mundo tan globalizado, en un mercado democratizado por esa herramienta mágica llamada Internet, se copia todo muy rápido: las características de un producto se plagian en menos de dos semanas; el sistema logístico que utilizamos para llevar el producto hasta el cliente se imita de manera rápida; la colocación de mis productos en la tienda la puedo ver en mi competencia en menos de una semana; igualar o incluso reducir el precio de nuestros artículos es algo relativamente rápido, pero copiar la sonrisa de nuestros equipos, la profesionalidad de nuestros trabajadores, su saber hacer y su saber estar, eso es bastante más complicado de lo que parece.

Las empresas las forman personas. Por eso, cuando a una empresa se les empiezan a ir las personas que conforman el talento diferenciador de esa organización, esa empresa empieza a tener serios problemas.

 

Las empresas las forman personas. Por eso, cuando una empresa no garantiza la estabilidad y la felicidad de su columna vertebral, de esos empleados que son claves en el cómo y en el cuánto se trabaja en la organización, esa empresa empieza a caminar en el desierto del descontrol.

 

 

Las empresas las forman personas. Por eso, aunque el producto sea muy bueno, necesita de un equipo de ventas que lo defienda y que transmita los valores a sus clientes. Y cuando tu equipo de ventas se va, cuando las personas que realmente venden abandonan la organización, esa empresa empieza un peregrinaje peligroso sin brújula.

Las empresas las forman personas. Por eso, si quieres que tu proyecto sea de éxito, debes incorporar, desarrollar, formar y fidelizar a personas de éxito.

 

Quizás no te lo creas aún, pero las empresas las forman personas.

 

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