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Se han terminado los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. ¡Sí, sí! Ésos que deberían haber sido Madrid 2016 pero que incomprensiblemente, los integrantes del Comité Olímpico Internacional decidieron denegárnoslos.

 

Y tras estos juegos, son muchos los artículos que se escriben por parte de periodistas, psicólogos deportivos, coaches, sociólogos y similares sobre las semejanzas que hay entre el mundo del deporte y el mundo empresarial.

 

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Ahora tal parece que si quieres abrir un comercio tienes que pegar un grito al vender un artículo tal y como hace nuestra medalla de oro Carolina Marín en bádminton al ganar un punto, o cuando las cosas van mal en tu empresa tienes que gritar un “¡vamosssssss!” al estilo de nuestro Rafa Nadal o antes de acercarte a vender a un cliente tienes que mover los dedos y decir para ti una letanía como realiza nuestra saltadora de altura Ruth Beitia antes de iniciar su carrera.

 

Y sin duda, todos estos deportistas son modélicos en su manera de entender su actividad deportiva, pero me preocupa mucho lo que se puede llegar a minimizar los éxitos y las extrapolaciones que hacen de los mismos, dejando atrás la verdadera esencia de los objetivos y retos que nos marcamos en la vida.

 

Es curioso, pero no leo en estos artículos que cuando a uno se le enseña desde el colegio una disciplina deportiva, lo lógico es que salgan muchos deportistas de nivel en la edad adulta. ¿Alguien se ha preguntado qué ocurriría si en cada ciudad o pueblo de España hubiera una pista de bádminton? Quizás muchos niños fueran esos futuros campeones como Carolina Marín y no nos pareciera tan raro tener una campeona en un deporte tan minoritario.

 

Y extrapolando esto al ámbito de los emprendedores: ¿alguien se ha planteado qué ocurriría si en los colegios se formara a nuestros niños en que emprender es una salida laboral tan digna y respetable como la de trabajar por cuenta ajena en la empresa privada o pública? Quizás entonces serían muchas las personas que decidirían emprender al llegar a la edad adulta sin que nadie de su entorno se escandalizara ni se atemorizara por tomar esta decisión

 

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Igualmente, veo mucho el cómo se ensalza el éxito, y lo limitamos a unas frases y a unos gestos, pero en cambio nadie nos dice la cantidad de horas y horas de entrenamientos que realizan estos deportistas hasta perfeccionar sus técnicas, mejorar sus recursos y automatizar sus movimientos.

 

¿Alguien se ha preguntado qué ocurriría si dejáramos de inculcar a nuestros jóvenes la política del mínimo esfuerzo y les dijéramos que para triunfar en la vida hay que esforzarse, y mucho? Probablemente lo que ocurriría es que nuestros emprendedores dedicarían tiempo a formarse constantemente, a reciclarse en sus conocimientos y conductas, y a mejorar en sus conceptos sobre el producto que venden o fabrican.

 

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¿No es emocionante ver a Ruth Beitia ganando la medalla de oro en salto de altura con 37 años? Lo es, sin duda. Pero en los artículos de estos días no he visto prácticamente ninguna reseña de los fracasos de otros campeonatos, si consideramos fracaso el quedar cuarto o quinto en un campeonato mundial o de Europa.

 

¿Alguien se ha preguntado qué pasaría si a nuestros niños y a nuestros jóvenes les dijéramos que lo más lógico es que fracasemos en nuestros intentos, antes de alcanzar ese ansiado “oro”? Quizás entonces empezaríamos a desmitificar la palabra “fracaso” y daríamos más valor a los éxitos cuando éstos llegan.

 

Pero quiero aún hacer hincapié en un último detalle: no siempre triunfar implica quedar el primero en algo. Hay muchas maneras de triunfar en la vida. Y me explico.

 

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Carolina Rodríguez, consigue con 30 años, y después de haberlo intentado anteriormente en 3 juegos olímpicos, su primer diploma olímpico en la disciplina individual. Siempre se había quedado a las puertas del octavo puesto y lo consigue en estas olimpiadas cuando a muchas de las participantes las sacaba 15 años. Cuando le preguntaron por sus sensaciones, ella misma afirmaba que este diploma olímpico era la mejor medalla que le podían haber dado nunca.

 

¿Alguien se ha preguntado qué pasaría si a nuestros jóvenes les dijéramos que tienen toda una vida por delante para triunfar y que no siempre el primero es el único que gana? Quizás entonces entenderíamos que conseguir que tu empresa consiga unos resultados dignos año tras año ya es la mejor medalla que podrías obtener.

 

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