Hay días que me pregunto por qué hay personas que teniendo todos los motivos y todas las razones del mundo para ser felices, se empeñan en concentrarse en todo lo negativo que hay en sus vidas y en dibujar de color negro su futuro y presente

 

Hay días que me pregunto por qué hay personas que se empeñan en buscar la razón de su infelicidad en factores externos a ellas, cuando podrían encontrar la llave de su felicidad en su interior.

 

Hay días que me pregunto por qué hay personas que se empeñan en recordar su pasado y en anclarse en historias pasadas, cuando esto les impide imaginarse su futuro y zarpar hacia nuevos destinos, hacia nuevos “puertos”.

 

Hay días que me pregunto por qué hay personas que esperan que los demás les ofrezcan su sonrisa y su apoyo cuando ellas no ofrecen nunca una sonrisa, un apoyo, una palabra de ánimo a cualquiera de su entorno que lo necesite.

 

Hay días que me pregunto por qué hay personas que solicitan empatía a las personas que les rodean, que les piden que se pongan en su lugar, y en cambio son incapaces de ponerse en los zapatos de esas personas que les rodean y que necesitan de manera imperiosa sentir esa empatía por su parte.

 

Hay días que me pregunto por qué hay personas que ante cualquier situación que les ocurre, ante cualquier inquietud que tienen, focalizan en advertir los componentes negativos en vez de focalizar en lo positivo.

 

Hay días que me pregunto por qué hay personas que se empeñan en ver problemas en vez de ver oportunidades, por qué se centran en sus limitaciones cuando tienen un maravilloso mundo de posibilidades justo delante de sus narices.

 

Hay días que me pregunto por qué hay personas que se empeñan en ver la vida en blanco o negro, en todo o nada, cuando existe un amplio surtido de grises que hacen que la vida se pueda disfrutar en muchas de sus vertientes.

 

Hay días que me pregunto por qué hay personas que cuando tienen que acometer un nuevo reto, en vez de ilusionarse con todas las cosas positivas que les puede aportar ese objetivo, se centran solo en descubrir dónde estarán las piedras de ese camino.

 

Hay días que me pregunto por qué hay personas que piensan que el mundo gira en torno a su ombligo y que son el centro del universo en vez de asumir que son una parte necesaria e imprescindible del universo, pero que solo son una parte más.

 

Hay días que me pregunto por qué hay personas que se contentan con lo que hacen y desperdician ese talento que tienen para triunfar en nuevas formas de acción que hasta ese momento no se han atrevido a probar.

 

Hay días que me pregunto por qué hay personas que consideran que pedir ayuda a alguien es negativo y supone ponerse por debajo de ese alguien en vez de pensar que esa ayuda les dará el impulso necesario para ser mejores como personas y profesionales.

 

Hay días que me pregunto por qué hay personas que no se dan cuenta que su felicidad, la auténtica felicidad les llegará el día que se centren en dar a los demás sin esperar nada a cambio.

 

Hay días que me pregunto por qué hay personas que, simplemente, no aspiran a ser mejores personas.