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Pues sí. Es 1 de julio y hemos superado unas segundas elecciones generales, con su correspondiente campaña y precampaña, en menos de un año. ¿Y cuál es el balance de todo este entramado? Pues la verdad es que se hace complicado hacer diagnósticos y explicar algunas de las cosas que han ocurrido desde una vertiente política o sociopolítica, pero quizás sí que lo podamos explicar desde el marketing y las ventas:

 

  1. El que da primero, da dos veces: al primer político (de los 4 líderes) al que escuchamos públicamente decir que se volverían a repetir elecciones fue a Rajoy en la conversación con Cameron cuando le dijo que el 26 de junio habría elecciones.

¿Esto nos indica que quizás el Partido Popular desde el 21 de diciembre ya se puso a preparar su campaña y pilló con el pie cambiado a todos?

  1. Si te quieres diferenciar de tu competencia, o vendes más barato el mismo producto que ellos, o vendes otros productos: en 6 meses hemos visto cómo el crecimiento de los dos nuevos partidos políticos (Podemos y Ciudadanos) se ha estancado e, incluso, han bajado en sus datos de diciembre. De hecho, analizando los programas políticos de estos 4 partidos, se solapaban muchas ideas y proyectos, sin que se observara nada nuevo en los dos partidos más jóvenes.

¿Es probable que muchos ciudadanos hayan visto que no hay tantas diferencias entre la “casta” y los nuevos invitados, entre la “vieja política” y la “nueva política”?

 

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  1. Es imposible vender algo si no salvamos la principal objeción, aunque sí podemos vender algo sin salvar la segunda o la tercera objeción: son muchas personas las que se preguntan cómo es posible que el Partido Popular, el partido que más casos de corrupción sufre de todos los estamentos políticos, haya sido el único partido que ha crecido en votos.

¿Y si resulta que la principal objeción de esos votantes no era el tema de la corrupción, sino que este punto era la segunda o la tercera objeción?

 

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  1. Si me fallas, compraré en otro lado: los clientes son capaces de olvidar lo que les decimos y son capaces de olvidar lo que les hacemos, pero nunca olvidarán el cómo les hicimos sentir.

¿Alguna vez el PP recuperará los votos de personas que se sintieron defraudadas en su confianza con tantos casos de corrupción? ¿Alguna vez el PSOE recuperará los votos de personas que ya no les identifican con posiciones progresistas? ¿Alguna vez Podemos recuperará los votos de personas que no han entendido por qué no apoyaron a Sánchez después del 20 de diciembre? ¿Alguna vez Ciudadanos recuperará los votos de personas que ven que su voto puede servir para todo, para todos y para nada?

  1. No vendemos productos, no vendemos servicios; vendemos confianza: en el libro de Fede y José Martrat, “El vendedor de confianza”, nos muestran que la primera compra, a un 80%, se hace por la confianza que nos genera el vendedor y a un 20% por la imagen de marca. Pero también nos indican que un año después de adquirir ese producto o servicio, mantenemos la confianza a un 60% por la imagen de marca y a un 40% por la imagen del vendedor. Es decir, un año después, ya he podido comprobar si lo que el vendedor me dijo era cierto o todo lo contrario.

¿Y si personas que votaron a Ciudadanos en diciembre y que en su día fueron votantes del PP no han perdonado esos escarceos “amorosos” con el PSOE? ¿Y si votantes que hicieron que Podemos ganara en muchas ciudades importantes en las municipales del 2015 han visto que nada ha cambiado y que, incluso, puede que haya empeorado?

 

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  1. Quiero ir a la moda: igual que hay muchas personas a las que les encanta ir contracorriente y no seguir reglas, normas ni estereotipos, la realidad nos indica que a la inmensa mayoría les encanta ir a la moda. ¿Qué estaba de moda votar el 20 de diciembre de 2015? ¿Y qué estaba de moda vender el 26 de junio de 2016?

¿Puede ser que la moda de invierno mutara a la moda de verano y que los gustos cambiaran? ¿Quizás es que vuelve lo “retro”, lo “vintage”?

  1. El miedo “vende”: en contra de lo que mucha gente suponía, Martin Lindström llegó a la conclusión, mediante sus estudios empíricos, que el miedo, si se sabe trabajar de una manera adecuada, provoca incrementos de venta. Efectivamente, cuando el consumidor siente pánico, no compra. Pero si lo que siente es miedo, se activa el deseo de compra. Fue demoledor ver cómo la publicidad en las cajetillas con fotos de órganos humanos afectados por infinidad de tumores, no solo no es que sean efectivos en la lucha contra la adicción al tabaco, sino que provoca que se consuma más.

¿Puede ser que el resultado del “Brexit” y el intuir lo que les puede ocurrir a los británicos en el futuro nos haya aterrorizado y nos haya incentivado nuestra vena más conservadora? ¿Puede ser que el miedo que nos han generado desde diversos estamentos con lo que podría ocurrir si gobernaba Podemos se haya convertido en pánico y haya provocado votar a otros partidos?

  1. Hay veces que no compro lo que más me gusta, sino lo que menos me disgusta: ¡qué bonito es poder decidir entre una variedad de artículos y elegir, finalmente, el que más nos gusta! Pero sucede que, en ocasiones, cuando preguntas al cliente por qué se decidió por tal o por cuál opción, simplemente nos dice que es porque el resto de las opciones las eliminó.

¿Y si, al final, cada persona, con su voto, se decidió por el menos malo o por el que menos desconfianza le generaba?

 

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