Si soy especialmente cuidadoso en todas las entradas que realizo en este post, hoy quiero elevar al máximo este compromiso porque soy consciente de que el tema sobre el que voy a hablar implica cuestiones morales y éticas que, en algunos casos, pueden nublar el buen uso de la razón.

En concreto, hoy quiero reflexionar sobre el lamentable espectáculo que se está ofreciendo desde algunas organizaciones no gubernamentales con esos ¿comerciales? que nos asaltan cada día en las calles de nuestras ciudades para convertirnos en socios y financiar y colaborar con sus proyectos.

 

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Dicho lo cual, y antes de abordar esos comportamientos tan reprobables que se pueden observar habitualmente, he de decir que para nada pongo en tela de juicio la fantástica acción social que suponen estas instituciones y que son un oasis de esperanza para el desierto de pobreza y de miseria en el que viven muchas personas en este planeta.

Aparte, y como bien saben muchos de nuestros seguidores, desde Huertas Consulting, apostamos desde el principio por la función de Responsabilidad Social Corporativa y colaboramos activamente con diversas organizaciones: Cruz Roja España, Fundación Stop Síndrome de San Filippo, Asociación Mancala, Asociación Española Contra el Cáncer, etc.

Ahora bien: EL FIN NO JUSTIFICA LOS MEDIOS. ¡¡¡NO VALE TODO!!!

 

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¿Son conscientes estas organizaciones de que sus “vendedores” en más de una ocasión se encaran a las personas con las que se cruzan simplemente porque no se detienen a escuchar su discurso? ¿Es ésta la imagen de marca que quieren transmitir a la sociedad?

¿Son conscientes estas organizaciones de que, en algunas situaciones, sus “comerciales” llegan incluso a increpar y a faltar al respeto a los viandantes?

¿Estas organizaciones enseñan a sus “comerciales” la diferencia que hay entre tener desparpajo y creatividad comercial y tener un comportamiento maleducado y buscar el colegueo?

¿Cómo es posible que quien forma y adiestra a estos “comerciales” no les diga que nunca se debe invadir el espacio vital de una persona y, menos aún, llegar a agarrar el brazo o a detener literalmente el caminar de los peatones a los que abordan en mitad de la calle?

¿Son conscientes estas organizaciones de que algunos de sus “comerciales” no saben gestionar la frustración ante los “noes” de las personas a las que ofrecen su producto y les sueltan la primera barbaridad que se les ocurre?

¿No sería interesante que estas organizaciones fueran pensando en nuevas formas de comercializar su producto aparte de sus vendedores de calle, y más aún con todos los que hay?

Yo soy de los que piensan que  las organizaciones no gubernamentales pueden y deben profesionalizar sus áreas de marketing para conseguir remover las conciencias de los ciudadanos y generar más fondos económicos que sirvan para promover más proyectos sociales altruistas.

 

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Pero lo anterior no debe confundirnos:

UNA COSA ES VENDER LA LÁSTIMA, VENDER LA PENA, Y OTRA BIEN DISTINTA ES VENDER DE PENA.

Cada día que pasa tengo la impresión de que estas prácticas, con el tiempo, tendrán efectos negativos en la imagen que los ciudadanos tienen de estas organizaciones y sus fines.

¿Aún estamos a tiempo de corregir esta situación?