Querido lector: si has entrado en este post pensando que es un anuncio de trabajo para optar a un puesto de vendedor te aconsejo que no sigas esta lectura, ya que no es el caso. Con este post tan solo pretendo generar una reflexión con respecto a la importancia de ser un profesional ético, y más aún cuando se trata de vender algo a alguien.

Un factor que en estos tiempos de crisis se ha delatado como fundamental en el arte de vender consiste en esa capacidad de generar confianza en el cliente para que nos compre nuestros productos y servicios.

 

 

Observo cómo las empresas forman a sus vendedores en conocimiento de producto, en que aprendan las características de lo que venden. Igualmente, son cada vez más las empresas que contratan cursos sobre técnicas de ventas para que sus equipos desarrollen un método en el que asentar sus entrevistas de ventas.  Y, por supuesto, estos cursos los complementan en muchas ocasiones con talleres de gestión y optimización del tiempo, con seminarios sobre habilidades de comunicación y actividades formativas para desarrollar adecuadamente el componente emocional.

Y todo ello es loable y digno de mención. ¿Pero de qué valdrán estas formaciones si no desarrollamos valores éticos entre nuestros equipos de ventas? ¿De qué nos vale tener un comercial dentro de nuestro equipo con un alto conocimiento de producto y un adecuado uso de las herramientas informáticas que le facilitamos si al final es capaz de engañar al cliente por conseguir una venta que le reporte una jugosa comisión?

Sin duda, soy de los que pienso que no se puede ser un buen profesional si no eres una buena persona, con valores éticos y morales sobre los que sustentar tus acciones y pensamientos.

Igual que estoy acostumbrado a escuchar a proveedores decir que no quieren trabajar con determinadas empresas porque no son de fiar ni en lo que dicen ni en su manera de pagar, lo mismo ocurre con algunos clientes que dicen que no harían nunca negocios con un determinado vendedor porque les da la sensación de que les está engañando u ocultando algo.

Por eso, en primer lugar diría a esos empresarios que animan a sus vendedores a ocultar o, incluso, a tergiversar parte del discurso de ventas, que tarde o temprano pagarás las consecuencias de sus decisiones con el cierre definitivo de las puertas de sus negocios. Al cliente le engañas como mucho una vez, no más.

 

 

También diría a las personas que se encargan de reclutar a sus futuros equipos de ventas que valoren por encima de otras funciones y competencias sus valores personales y morales.

¿De qué vale contratar a un vendedor experto en la venta de nuestros productos, con una alta orientación a resultados y con fuerte tolerancia a la frustración y acostumbrado a trabajar con el CRM que tenemos en la empresa si es una persona que puede llegar a mentir a los clientes con tal de endosarle cualquier producto, aunque no sea el que realmente necesita el cliente?