“…Y si las cosas me van mal, siempre me puedo poner a vender”. ¿Cuántas veces habré escuchado esta frase a lo largo de mi vida? No lo sé, pero más allá de saber el número exacto de ocasiones, lo que más me interesa es reflexionar sobre lo que lleva implícita esta frase.

 

 

La primera reflexión que plantea esta frase es que parece que todo el mundo está preparado para vender y conseguir ofrecer a los clientes sus productos y servicios. Y si esto es así, ¿por qué muchas personas fracasan en su intento de ser vendedores a las primeras de cambio?

En mi época de jefe de sector comercial tanto en Carrefour como en Leroy Merlín, he visto a muchas personas sufrir episodios de ansiedad al entrar a la sala de ventas y “enfrentarse” (por primera vez) a los clientes. Personas que a las dos horas de haber empezado su primera jornada se acercaban y te decían que lo dejaban porque “eso no era para ellos”.

En la actualidad, cuando hago acompañamientos comerciales, sobre todo con personas que nunca han vendido o que por primera vez hacen “venta a puerta fría” puedo sentir el miedo y la inseguridad que sienten. Personas que llegan a vivir temblores y a experimentar sudores.

Aún más: en mis cursos de ventas, en más de una ocasión he escuchado, cuando vamos avanzando en los contenidos, que “esto de vender parece más complicado de lo que parecía en un primer momento”.

¿Realmente todas las personas están preparadas para vender?

 

 

Pero quiero detenerme en una segunda reflexión: cada vez que alguien dice “… y si las cosas me van mal, siempre me puedo poner a vender” en el fondo falta al respeto a todos los vendedores que cada día ejercen su profesión de ventas con honestidad y con una excelente preparación. ¿No están infravalorando la profesión del vendedor?

Ser vendedor y ser universitario son condiciones totalmente compatibles. Ser vendedor y tener unos altos conocimientos técnicos y funcionales son directamente proporcionales. Trabajar como vendedor por vocación (y no por necesidad) es algo que es necesario. De hecho, los vendedores por necesidad suelen tener un recorrido muy corto en la profesión, básicamente porque no se forman y no disfrutan de lo que realizan.

No conozco a nadie que haya triunfado en su profesión si no la disfruta y la vive con pasión. Y, por supuesto, la función de ventas no iba a ser distinta, y si no hay pasión, no hay éxito.

Asumamos que si queremos que los vendedores del futuro sean profesionales habrá que apostar por una formación, funcional y competencial que consiga generar trabajadores de éxito.

 

 

Hay dos conceptos que pueden parecer que son lo mismo pero que presentan una sutil diferencia: cuando algo es imposible, hagamos lo que hagamos, nunca lo conseguiremos hacer; cuando algo es difícil, obviamente implicará un esfuerzo, pero es posible alcanzarlo.

Asumamos tan solo un último concepto: VENDER CON MAESTRÍA Y CON PROFESIONALIDAD ES DIFÍCIL, PERO NO IMPOSIBLE.