Quizás todos podamos recordar nombres de empresas que en un pasado (más lejano o más reciente) fueron líderes de sus sectores y generaron corriente de referencia por cómo hacían las cosas y, al ver este presente, observemos que han desaparecido o que están en grave riesgo de cierre definitivo.

 

¿Quién se podía imaginar que Kodak acabaría siendo una empresa para el recuerdo? ¿Quién hubiera dicho hace unos que la marca Huesitos iba a estar a punto de desaparecer? ¿Alguien se hubiera atrevido a decir que Scalextric se hundiría irremediablemente ante la nueva competencia? ¿O cómo es posible que Fagor, uno de los grandes referentes en la venta de grandes electrodomésticos no hace muchos años, iba a sucumbir ante el empuje de las nuevas formas del mercado?

He nombrado a cuatro empresas, pero son muchas más las que podríamos haber enumerado, tanto a nivel nacional como a nivel regional y local.

Es evidente que estos casi 18 años vividos de siglo XXI han supuesto una auténtica revolución, y no me refiero solo a revolución industrial y tecnológica, sino a REVOLUCIÓN VITAL, porque han generado cambios en hábitos de consumo y de vida de millones y millones de personas.

A nivel empresarial, hemos vivido en los últimos 15 años más cambios de los que quizás ha tenido que soportar la sociedad en los 200 años anteriores, y esto ha derivado en que muchas empresas han sido fagocitadas por el sistema.

Empresas que fueron líderes, que eran los “número uno” en ventas, que siempre generaban corriente de acción, que se habían instalado en la mente de los clientes como una marca referente, fueron desapareciendo, poco a poco de nuestras vidas.

 

 

Desconozco con detalle lo que ocurrió en Kodak, en Huesitos, en Scalextric o en Fagor, pero sí que podría hablar de numerosos casos de empresas que fueron líderes indiscutibles en tiempos pasados y que, hoy en día, están viviendo su particular “travesía en el desierto”.

Eso sí, observo con estupor cómo diversas empresas, tanto grandes como pequeñas, van perdiendo fuelle y sus resultados económicos tornan del negro brillante a un rojo intenso.
¿Dónde está la razón de estos descalabros económicos y empresariales?

Cada proyecto empresarial es distinto y tiene su propia idiosincrasia, sus propios valores y su entorno específico. Pero observo una característica común en muchos de estos proyectos que están en decadencia: la soberbia de sus líderes.

La soberbia te empuja a no asumir que estás equivocado en tu manera de ver y de hacer las cosas; la soberbia te hace que no retrocedas nunca para que nadie pueda pensar que eres una persona débil; la soberbia te hace creer que eres una persona cercana con tus equipos cuando en realidad eres la principal razón de que se vayan de tu proyecto a otros proyectos.

 

Tengo en mi retina una presentación que hizo Roig sobre sus magníficos resultados empresariales en Mercadona, pero lo que más me impactó de ese evento fue cómo reconoció, con humildad, que tenían que mejorar en la calidad de sus productos frescos como medio de volver a posicionarse en el número uno en este sector.

Fue algo increíble: la empresa referente en el sector de la distribución reconociendo fallos públicamente. Y si Roig fue capaz de hacer este acto de humildad, ¿cómo es posible que muchos directivos de empresas que no tienen el nivel de ventas de todo un Mercadona, no son capaces de asumir sus errores?

Señores directivos, eliminen de su catálogo de conductas y pensamientos todo aquello que implique soberbia, porque estarán sembrando, sin darse cuenta, el final de sus proyectos empresariales.

La pena de todo esto es que lo más probable es que esos directivos soberbios no lleguen a leer nunca estas líneas, porque ¿para qué las va a servir este blog? ¿Es que tienen algo que aprender?