¿La felicidad consiste en ser egoísta?

Observo en los últimos tiempos, no sin cierta estupefacción, cómo colegas y compañeros de profesión insisten mucho en sus comentarios, reflexiones y blogs el que uno debe quererse a sí mismo, por encima de todo y de todos.

 

 

Tal parece que tomar esta postura puede ser la solución a los problemas que cualquier persona pueda llegar a tener.

Cada vez es más habitual leer algunas frases y reflexiones en redes sociales de coaches y pseudocoaches de que “no tienes por qué agradar a los demás y lo más importante es ser tú mismo” o que “si los demás no te entienden quizás lo mejor es seguir tú solo” o “puede que tú tengas defectos pero tú no tienes por qué cambiar estos defectos”.

Sin duda, quererse a uno mismo es una condición imprescindible para estar feliz en tu vida y para sentir un buen desarrollo personal y, además, suele ser una condición necesaria para poder estar bien con los demás.

 

 

Igualmente, me parece inteligente y muy sano el auto-regalarte premios y detalles y quererse y valorarse a uno mismo. Todas las personas deberían sentir la sensación que es dedicarte tiempo para ti mismo o decirte, a ti mismo, frases de halago y positivas.

Y claro, cuando uno lee tantos textos ensalzando lo positivo que tiene que estar solo por encima de lo que opinen y piensen los demás puede ser lógico el preguntarse: ¿Y si la felicidad consiste en ser egoísta?

He de confesar que soy seguidor (ferviente seguidor y practicante) de lo que propugna Tom Rath desde la Psicología Positiva según la cual, cuando uno se dedica a llenar cubos de emociones positivas de los demás, de una manera desinteresada, la cantidad que se recibe de vuelta viene multiplicada por tres y por cuatro.

Es decir, desde esta metodología (recomiendo a todos que lean “¿Está lleno su cubo?” de Tom Rath) se apuesta por mirar más hacia fuera y menos hacia uno mismo. Desde esta manera de entender la vida, se propugnan valores como la empatía y la tolerancia, frente a conceptos como la autosuficiencia, el egoísmo y el egocentrismo.

Uno empieza a estar un poco harto de ver cómo determinadas personas (los que yo denomino pseudocoaches) tienen el descaro de hacer creer a los demás que lo que ellos hacen, lo que ellos dicen y lo que ellos piensan es la manera correcta de ser felices.

Se auto-adjudican la creencia de que son modelos y que la gente debería hacer lo que ellos hacen, porque ellos consideran que son felices y tienen unas vidas plenas.

Pero… ¿Realmente son felices? ¿Realmente tienen un desarrollo pleno? Y, aunque así fuera… ¿Realmente son modélicos en lo que hacen, dicen y piensan?

Valores como la empatía y la tolerancia quizás están cayendo en el olvido y deberíamos poner de nuevo en valor estos atributos como factores indispensables para ver la vida de otra manera, evitando caer en conductas de egocentrismo, egoísmo y autosuficiencia.

 

 

¿La felicidad consiste en ser egoísta? Me cuesta mucho creer en esta frase y prefiero seguir apostando por otra frase como lema de vida:

LAS PENAS COMPARTIDAS PESAN LA MITAD. LAS ALEGRÍAS COMPARTIDAS SE SABOREAN EL DOBLE