Llevo ya casi dos años diciendo tanto a nivel profesional como a nivel particular que la crisis se ha terminado y que se perciben cosas distintas a lo que habíamos vivido en estos últimos sietes años.

Y siempre que digo este mensaje, “la crisis se ha terminado; ya no hay crisis”, muchas personas me miran de una manera peculiar y supongo que piensan que estoy un poco loco al decir eso, ya que ellos para nada sienten ese efecto.

 

 

Y, efectivamente, quizás hace dos años el ciudadano de a pie aún no notaba esa recuperación en su bolsillo e, igualmente, las pymes y los autónomos tampoco sentían y notaban esa recuperación y sencillamente te decían que quizás para las grandes empresas sí que fuera cierto ese mensaje pero no para ellos. Probablemente tenían toda la razón al decirlo y al pensarlo.

Pero ocurre que el 2017 y lo que llevamos de año 2018 parece que traen buenas noticias económicas y laborales a todos los niveles. Ya las grandes empresas, y las pequeñas y medianas empresas y los autónomos empiezan a sentir esa luz al final del túnel.

 

 

Ahora bien, ¿todas las empresas lo notan? La verdad es que no. Y, entonces, ¿dónde radica la diferencia entre las empresas que ven con optimismo la situación y las que lo siguen viendo de color oscuro?

La solución a los males de esas empresas, como suele ocurrir casi siempre, en un porcentaje muy importante está en el interior de las empresas.

Entre los años 2010 y 2015 dije más de una vez en mis cursos de ventas que más de un vendedor se iba a acordar de la crisis, porque en el fondo, para muchas empresas y para muchos vendedores, la crisis ha sido un fantástico “paraguas” que servía para explicar el no vender.

“Es que nadie vende nada”, “es que la cosa está muy difícil”, “es que todo el mundo tienen miedo a invertir y hacer grandes gastos” Y, así, podríamos seguir.

La crisis ha tapado muchas carencias internas, ha evitado que muchas empresas y muchos equipos comerciales hicieran exámenes de evaluación internos para ver en qué mejorar, porque era una excusa muy fácil de decir y de que te la creyeran.

Efectivamente la crisis se llevó por delante a muchas empresas y consiguió desmotivar a más de un vendedor que lo intentaba cada día y que se volvía a casa con la carpeta de pedidos vacía. Pero no es menos cierto que muchas empresas, teniendo la solución en su casa y de una manera interna, no fueron valientes a la hora de reconocer y mejorar sus debilidades.

 

 

Pues bien, la crisis se ha terminado. Toca gestionar las empresas de una manera distinta a los últimos años: ya no se trata de hacer solo contención de gastos. Es el momento de invertir, de ser valiente, de ampliar estructuras, de comprar máquinas, de contratar equipos y de salir a la calle a vender.

La crisis se ha terminado. Así que, si aún sigues sin dar con la tecla mágica, quizás es el momento de asumir que los ejes de mejora son internas. Tan solo hace falta que reflexiones en torno a esta pregunta: ¿Y si la crisis se ha terminado?