Observo en los últimos tiempos cómo estamos cayendo (y me incluyo yo también en primera persona) en explicaciones un tanto simplistas para explicar problemas complejos.

Resulta que ante situaciones complicadas en las que los resultados no son los esperados, nos empeñamos en buscar una solución. Sí: solo una solución. Como si la causa de todos nuestros males se pudieran resolver con un solo remedio.

Y tal es lo que ocurre con un término como es la ACTITUD, que está siendo sobreutilizado como ese “ungüento-amarillo-que-cura-y-sirve-para-todos-los-males”.

No pretendo aquí deslegitimar la importancia que tiene el aportar una buena actitud para prácticamente cualquier aspecto de la vida. He visto a vendedores conseguir resultados increíbles cuando han conseguido cambiar su actitud ante el cliente. He visto a líderes mejorar espectacularmente en su gestión de equipos modificando tan solo su actitud ante sus colaboradores.

Pero, realmente, ¿LA ACTITUD LO ES TODO? Y es más, me atrevería a lanzar una segunda pregunta: ¿LA ACTITUD ES SIEMPRE LO MÁS IMPORTANTE?

Hoy quiero ser políticamente incorrecto y quiero plantearme la importancia, vital, de dos conceptos a los que quizás no les estamos otorgando la relevancia que merecen: APTITUD Y ALTITUD.

 

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¿Cuándo es la última vez que dedicaste tiempo a mejorar tus aptitudes en la profesión que realizas? Es curioso, pero pregunto esto a muchos vendedores cuando les imparto un curso, y algunos de ellos te dicen que la última formación que recibieron fue hace años.

Entonces es cuando te quedas con las ganas de decirles: ¿PERO QUÉ OS PASA: PRETENDÉIS VENDER POR INSPIRACIÓN DIVINA?

Y ahí es cuando lo fácil, lo realmente fácil, es caer en el recurso fácil de decir que lo que importa en ventas es tener un buena actitud. Desde luego que sí.

Pero cómo vas a vender si no te dedicas un tiempo a la semana o al mes a formarte en producto; ¿cómo vas a vender si  no inviertes un tiempo a mejorar tu presentación de empresa?; ¿cómo vas a vender si  no te buscas argumentarios para las ventajas competitivas que te diferencien de tu competencia?

¿De qué sirve una buena actitud si no hay aptitudes que den soporte a tu profesión?

La actitud consigue más de un milagro, pero no consigue milagros todos los días. Necesitamos entender que el talento sin un entrenamiento no sirve de nada y que las aptitudes se desarrollan de una manera continua, porque su aprendizaje y fortalecimiento no terminan nunca.

Pero no nos detengamos en este punto y sigamos avanzando. ¿Qué podemos decir de este otro concepto: ALTITUD?

 

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Y cuando digo altitud, me refiero a tener altitud de miras. Me refiero a marcarse unos objetivos  y unos retos que guíen y den sentido a todos y cada uno de nuestros pasos.

Y siempre con la ambición de demostrarte que lo que tú crees que son tus límites, quizás sean solo la próxima marca que vas a conseguir alcanzar.

PIENSA EN PEQUEÑO Y PROBABLEMENTE NO ALCANCES NADA. PIENSA EN GRANDE Y CONSEGUIRÁS ALGO GRANDE.

 

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Quizás no consigas algo tan enorme como lo que te habías planteado, pero siempre será más interesante que si te hubieras marcado objetivos pequeños.

Actitud, aptitud y altitud. Tres fantásticos ingredientes para una fórmula de éxito, que si los aderezamos con un condimento fantástico, como es la de tener AMPLITUD de pensamiento para entender la realidad desde diferentes puntos de vista, te llevarán a “cocinar” platos dignos del mejor “chef”.

¿Aún crees que la actitud lo es todo?