No sé cuántas veces habré escuchado esta frase en la primera hora de mis cursos. Y por mucho que tengo miles de horas de formación me sigue sorprendiendo escucharla.

En primer lugar, quiero decir que cuando imparto un curso, tengo el máximo respeto por todos y cada uno de mis alumnos, pero en especial por esos profesionales que llevan más de 20 ó 25 años trabajando en la misma empresa, porque ahí hay representado una experiencia y un “oficio” que es digno de alabanza.

 

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A lo largo de estos años me he encontrado con fantásticos trabajadores, con más de 20 y 30 años de oficio que vienen a los cursos con humildad, y con unas ganas tremendas de aprender y reciclarse, porque saben que el mercado laboral está muy duro y no quieren desaprovechar la ocasión de actualizarse.

Cuando se junta la experiencia profesional y las ganas de aprender, el resultado solo puede ser uno: FANTÁSTICOS PROFESIONALES QUE SON LÍDERES Y REFERENTES EN SUS RESPECTIVAS ORGANIZACIONES.

En cambio, cuando uno se encuentra con esos profesionales que creen que saben mucho por el tiempo que llevan trabajando en el mismo puesto y funciones, lo primero que me surge es un sentimiento de pena por esa soberbia que NO les hace mejorar.

De hecho, cuando veo a estos trabajadores soberbios que dicen no necesitar ningún curso, y menos aún de gente más joven que ellos, lo primero que me planteo es: ¿saben mucho o creen que saben mucho? De hecho, ¿realmente saben o con el paso del tiempo han ido perdiendo su potencial?

 

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En estos 17 años que llevamos de siglo XXI hemos asistido a tal cantidad de cambios y avances que cuando uno no está en constante estado de reciclaje y formación, automáticamente pasas a ser un recuerdo de algo que fue bueno, pero que hoy en día no deja de ser un mero trasto decorativo.

Es una lástima encontrarse con personas con sistemas de pensamiento tan rígidos que se niegan a admitir que pueden mejorar y progresar a pesar de su experiencia; es indignante ver cómo esas personas tan rígidas mentalmente con su comportamiento no dejan en muchas ocasiones crecer y evolucionar a compañeros que, con independencia de su edad, quieren mejorar.

Pero si triste es encontrarse con personas así, más lamentable es ver cómo hay empresas que siendo conscientes de esta situación, asisten impasibles ante esa realidad y miran para otro lado, no queriendo asumir ninguna responsabilidad en esta realidad y (lo que es peor) no haciendo nada por mejorar.

Así que a esas empresas que toman la decisión de no hacer nada, tan solo decirles que las personas que quieren crecer y evolucionar, lo harán en sus organizaciones o lo harán fuera de sus estructuras. De hecho, lo más seguro es que esas personas que quieren mejorar y cultivar su talento, se irán irremediablemente a otros lugares y esas empresas se quedarán con esos personajes tóxicos.

Solo me queda decirle una última cosa a esas empresas: tan solo tendrán al final lo que se merecen.  TOMAR LA DECISIÓN DE NO HACER NADA, ES UNA PÉSIMA OPCIÓN.