¿En cuántas ocasiones nos hemos metido en problemas por no saber decir “no? ¿En cuántas ocasiones no hemos sabido decir adecuadamente ese no? ¿Cuántos amigos han dejado de ser amigos por no saber decir “no”? ¿Cuántos clientes hemos perdido por no saber gestionar los noes?

Es increíble cómo estas dos letras nos cuesta decirlas de una manera coherente. Dos letras, solo eso. Dos letras. ¡Pero cuánta intensidad emocional pueden llegar a provocarnos!

 

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Tendemos a pensar que por decir “no” vamos a meternos problemas y que la persona a la que se lo digamos no volverá a hablarnos porque se sentirá indignada. Y, efectivamente, puede que así sea con determinadas personas y en determinadas situaciones, pero no es lo más habitual.

Veamos un ejemplo: un amigo nos pide un favor cuando somos conscientes de que será bastante difícil que lo cumplamos; este amigo en su día hizo una buena acción por nosotros, de esas que nunca se olvidan. Nuestra razón nos dice que lo mejor es que le digamos que no, que no vamos a poder hacerlo, pero nuestras emociones nos dicen que seríamos unos canallas y unas malas personas si no nos dejamos el alma por nuestro amigo. Este combate entre razón y emoción nos genera ansiedad y la única manera de liberarnos de esa ansiedad, aunque sea temporalmente, es decirle que sí, que lo “intentaremos”.

Por supuesto, han pasado los días y no has podido cumplir aquello a lo que te comprometiste con tu amigo. Y, sinceramente, lo has intentado hasta la extenuación, pero tú ya sabías de antemano que no te daría tiempo. ¿Y qué sucede cuando le comunicas a tu amigo que aunque lo has intentado no has podido hacerle ese favor? Pérdida de confianza, pérdida de complicidad e, incluso, pérdida de un amigo.

¿Te suena?

 

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Es indudable que saber decir “no” es todo un arte. Y, como todo arte, se puede cultivar y practicar:

  1. ¿Qué ocurre cuando decimos sí sabiendo que deberíamos haber dicho “no”? PUES QUE QUIZÁS DEBERÍAMOS RECORDAR QUE ES MUCHO MÁS FÁCIL PASAR DE UN “NO” A UN “SÍ”, QUE DE UN “SÍ” A UN “NO”.
  2. ¿Qué es lo que ocurre cuando decimos “no” sin dar una explicación de esa negativa? PUES QUE QUIZÁS EMPEZAREMOS A VIVIR AISLADOS PORQUE LAS PERSONAS NOS EVITARÁN POR NUESTRO COMPONENTE ASOCIAL.
  3. ¿Qué es lo que pasa cuando explicamos demasiado el “no”, dando excesivas razones para esta decisión? PUES QUE QUIZÁS LA OTRA PERSONA PIENSE QUE NOS ESTAMOS JUSTIFICANDO Y QUE PUEDE QUE ESTA ACITTUD SE DEBA A QUE TENEMOS ALGO QUE OCULTAR.
  4. ¿Qué es lo que ocurre cuando ni decimos “sí” ni “no? PUES QUE QUIZÁS ADQUIRAMOS FAMA DE NO INVOLUCRARNOS Y DE QUERER AGRADAR EN DEMASÍA A TODO EL MUNDO.

Saber decir “no” es todo un arte. Debemos practicar y entrenar este arte, porque saber decir “no” puede ayudarnos a dejar sensaciones positivas en nuestro entorno.